Inicio Bibliografía Contáctenos
 
     
Un artista trujillano en París
Felipe Cossío del Pomar
Los creadores de la pintura Indo-Americana
César Vallejo
Notas de arte
Don Quijote (Carlos Solari)
Un artista trujillano en Lima
Alcides Espelucín
Macedonio de la Torre
Sebastián Salazar Bondy
Macedonio de la Torre
Entrevista por Manuel Jesús Orbegozo
Macedonio de la Torre
Luis Enrique Tord
Macedonio de la Torre, 1893
en Pintura Contemporánea Peruana
75 años de pintor
Edgardo Pérez Luna
Infierno feudal
Entrevista por Ernesto More
Un pintor
Juan Manuel Ugarte Eléspuru
Macedonio, el abuelo
Bertha de la Torre de la Piedra
 
Macedonio de la Torre
Luis Enrique Tord
Página  1   de   3   »
 
Asombrado con el mundo como si cada día lo descubriera; rebosante de vitalidad; insistiendo en atrapar con sus finas manos expresivas las formas que inquietan permanentemente su imaginación, Macedonio es un caso ejemplar de entrega absoluta al arte. No hubo día –desde que naciera el 27 de enero de 1893– en que sus gestos y su singular actitud ante el mundo, no denunciaran en él a un personaje cuya vida y obra se confundirían en un original juego de anécdotas, pasiones, aventuras e itinerarios notables.

Ya fue bastante –aunque no suficiente– el que forjará sus primeras impresiones intelectuales en el seno de una generación decidida, cultivada y rebelde. El grupo Norte –su primo Víctor Raúl Haya de la Torre, el poeta César Vallejo, el ensayista Antenor Orrego, los escritores Oscar Imaña y Alcides Spelucín y los compositores Carlos Valderrama y Gustavo Romero Lozada– inquietaban el ambiente aldeano de la ciudad aristocrática y recogida. Unos con el verso, otros con la prosa, los más con el verbo. Y Macedonio con sus veladas en las que interpretaba a Mozart y Chopin, al violín, asombrando a sus amigos con sus iniciales esculturas modernistas.

Esa bohemia entre anarquista y galante, el primer y único amor –Adriana Romero Bello– y el viejo paisaje mochica de Trujillo, dejaron honda huella en su pintura ulterior. Mas tarde conoció Lima e intentó estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de San Marcos. Pero él no era para la paciente investigación de gabinete, ni para la pedagogía, y menos aún para la jurisprudencia. La indecisión la resolvió en forma original pero no menos ejecutiva: “Di dos vueltas a la fuente del patio principal de la Universidad. Me dije que si al final de la segunda vuelta me iba a rendir un examen para el que el jurado me esperaba, me quedaría en la Facultad. Si salía de frente a la calle no volvería más y me dedicaría al arte y a los viajes”. Ya sabemos cual fue la dirección que tomó.

Lo de los viajes también fue en serio. Tanto, que unos días después, el pintor en ciernes partió rumbo a Buenos Aires. Fue una ruta curiosa: más de trescientos kilómetros a pie. El resto en precarios omnibuses, automóviles particulares y hasta en el techo de un ferrocarril trasandino. En la capital argentina fue la vida austera y los trabajos estrafalarios. ¿Uno de ellos?: tocar el violín todas las noches en un restaurante italiano. Pero eso sí…disfrazado ...
 
Macedonio de la Torre ©. Web Oficial, basada en la obra publicada por Luis Enrique Tord. Fotografías: Luis Enrique Tord y Daniel Gionnani